Me acostumbré. Una especie de sombra acudía desde hace días a lo que parecía haberse convertido en nuestra cita. Ni siquiera hablaba, ni se movía. Dudaba si era una persona u otra de mis invenciones. Tampoco me molestaba. Estando allí, sola, poco preocupa. Poco duele, más de lo que ya dolía. A ratos hablaba, aunque no estuviese. O… cantaba, aún sabiendo que nadie me escuchaba.
Hice de mi entorno, un palacio real donde solo habitaba yo. Convertí, a espesas, todo en mío, o al menos eso creía yo. Tenía el poder, el control. Sabía que no podía hacer más daño…
Pero me equivoqué. Hice mal en acostumbrarme, aunque solo fuese el principio del fin.
9/9/08
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario