6/11/10
Una de ellas
Se llama Patricia. Cuando se ríe cambia la economía del país. Y el planeta entero se pone a temblar. Lleva toda su vida quieta en un lado de la habitación, convencida de que ni Dios la va a salvar de su agonía. Resignada. Con la cabeza agachada y los ojos ocultos por sus pequeñas manos, a modo de enfado, reza a no sabe qué ni quién para que dure poco. Desistió de pedir a Alguien, y ahora se limita a ralentizar la espera. Me fijé en ella por su mirada, nunca ninguna antes me había hecho viajar sin ni siquiera quedarse fija. Bastaba un simple vistazo, y me convertía en leche condensada. Del gesto mejor no hablo, porque pasamos de leves a palabras mayores. Y se eleva la temperatura. Y peta el termómetro. A veces me decía que envidiaba mi forma de vida, la de sin tapujos y a disfrutar. Pero yo moriría por levantarme en la misma cama en la que ella descansa cada noche. El simple hecho de rozarla. Tshhhh... ¿y su olor? Sueño con agarrar su almohada, y con ella todos los secretos que debe haberla confesado. Me pasaría las horas observándola.
26/10/10
V de Verfecto (2)
Así que sí, lo de la otra noche no fue sólo un sueño. Ya me estaba yo quedando tarada de pensar que habíamos dejado de ser dos.
Me sorprendes, ¿lo sabías? A cada ramo de flores, caja de bombones, o similar, más y más. Por supuesto, metafóricamente. Nosotros siempre estuvimos por encima de todo eso. Por encima del amor, y de la felicidad.
Estoy deseando volver a bailarte aquella tonta canción mientras el cepillo, a modo de micrófono, escurría y salpicaba dentífrico por todas partes. ¿Recuerdas lo que te reías cuando ponía esa cara de casualidad inesperada al caérseme la toalla? La primera vez que lo hiciste, la primera vez que pude deletrear tu sonrisa milímetro a milímetro, fue la primera vez que sentí plenamente estar viva. ¡Dios mío, parecía una prostituta de lujo intentando camelar al peor y más pez gordo de todos los ricos lujuriosos jugadores! Parecía estar a tus pies. Y lo estaba.
Nada de nadie. Nunca lo fui y nunca lo seré. Todo de ti.
Me sorprendes, ¿lo sabías? A cada ramo de flores, caja de bombones, o similar, más y más. Por supuesto, metafóricamente. Nosotros siempre estuvimos por encima de todo eso. Por encima del amor, y de la felicidad.
Estoy deseando volver a bailarte aquella tonta canción mientras el cepillo, a modo de micrófono, escurría y salpicaba dentífrico por todas partes. ¿Recuerdas lo que te reías cuando ponía esa cara de casualidad inesperada al caérseme la toalla? La primera vez que lo hiciste, la primera vez que pude deletrear tu sonrisa milímetro a milímetro, fue la primera vez que sentí plenamente estar viva. ¡Dios mío, parecía una prostituta de lujo intentando camelar al peor y más pez gordo de todos los ricos lujuriosos jugadores! Parecía estar a tus pies. Y lo estaba.
Nada de nadie. Nunca lo fui y nunca lo seré. Todo de ti.
V de Verfecto (1)
Hoy ha llovido. Ocurre a menudo desde que oigo latir más fuerte tu corazón. Digo oigo, como digo siento, o noto, o aprecio. Y digo corazón, como digo tú.
Hace mucho que no sé de ti, y mira que estás en mí, cosa que de vez en cuando olvido.
¿Seguirás enamorado? No de mí, eso nunca has dejado de estarlo. Me refería a ella, y a esos suaves, grandes y carnosos labios rojos. Fíjate, que me los sé de memoria. No te mentiría si te confieso que los he besado. Evidentemente, no como tú, eso es otro cantar. Más o menos como el que te dedico cada noche en el espejo del servicio donde un día me reflejabas.
Seamos francos, me echas de menos. No tanto como yo a ti, algo a lo que ambos nos enfrentamos. Pero no te has olvidado de mí, y eso me alivia.
¿Sabes? Menos mal que te fuiste tan repentinamente, sin despedirte ni nada, a pesar de que tú jamás me dejas. Pero, gracias a Dios, fue rápido. No me dio tiempo a contarte que iba a cambiar, a ser perfecta, para en Junio, coger un autobús que me llevara a ti. Y ríete, no lo he hecho. Sigo siendo la misma loca que te quería.
Hace mucho que no sé de ti, y mira que estás en mí, cosa que de vez en cuando olvido.
¿Seguirás enamorado? No de mí, eso nunca has dejado de estarlo. Me refería a ella, y a esos suaves, grandes y carnosos labios rojos. Fíjate, que me los sé de memoria. No te mentiría si te confieso que los he besado. Evidentemente, no como tú, eso es otro cantar. Más o menos como el que te dedico cada noche en el espejo del servicio donde un día me reflejabas.
Seamos francos, me echas de menos. No tanto como yo a ti, algo a lo que ambos nos enfrentamos. Pero no te has olvidado de mí, y eso me alivia.
¿Sabes? Menos mal que te fuiste tan repentinamente, sin despedirte ni nada, a pesar de que tú jamás me dejas. Pero, gracias a Dios, fue rápido. No me dio tiempo a contarte que iba a cambiar, a ser perfecta, para en Junio, coger un autobús que me llevara a ti. Y ríete, no lo he hecho. Sigo siendo la misma loca que te quería.
Inmortales (1)
Cuando me preguntan por ti nunca sé cómo explicar quién eres. Eres, eres… eres imposible. ¿A ti no te pasa? Todos los días de mi vida pienso que nada merece la pena, pero lo que se hace más difícil es no romper con esa rutina asquerosa haciendo lo que más me apetecería hacer: escaparme. Abandonarlo todo. E irme contigo. Pasa el tiempo, aparecen personas, otras se van, y sigue pasando el tiempo. Y yo sigo queriendo lo mismo: a ti. Eres lo que cualquier niñata busca, y no encuentra. Locura y estabilidad a la vez. ¿Cuánto quedará para sentirme libre?, ¿cuánto quedará para abrazarte? Eso no lo sabemos ninguno de los dos. Sólo sé que como sea el 25% de intenso de lo que ya es en sueños, voy a ser la persona más feliz de este puto planeta.
24/10/10
Rayadas
¿No es curioso? Cómo cambia la vida... Te planteas lo complicado que se ha vuelto todo con el paso de los años, la forma en la que te cuesta asimilar que ya nada volverá a ser como antes... Fijaos, hoy mismo, en una página de Internet, he podido comprobar este hecho no tan obvio para mi misma. Un amigo, y una amiga. Paralelos, totalmente desconocidos entre ellos para mí. Ahora son novios, y llevan juntos años. ¿Os dais cuenta? Estamos creciendo. Ya no todo se basa en ser más alto, o más guapo que el de al lado. En tener más o menos personitas detrás, que nos envidien. Ahora se trata de vivir. De ser feliz. ¿Quién piensa ya en hacer el mejor cumpleaños de todos los del cole?, ¿o en traer el mayor número de chuches en tu día? Ahora hablamos del tiempo que se nos va, del que ya se nos ha ido, y del que, si seguimos así, se nos irá. Es triste, pero es real. No somos nada en este mundo, a no ser que nos empeñemos en serlo.
El retrato de Dorian Gray
Son pocos entre nosotros los que no se han despertado alguna vez antes del alba, en una de esas noches sin sueños que casi hacen que nos enamoremos de la muerte, o en una de esas noches de horror y alegría desfigurados en que fantasmas más terribles que la propia realidad se arrastran por las galerías de nuestro cerebro, moviéndose por instinto con esa vida intensa que habita todo lo grotesco y que presta al arte Gótico su vitalidad imperecedera, dado que este arte, como puede imaginarse, es el arte propio de aquellos cuyas mentes se han visto afectadas por el mal de la ensoñación. Unos dedos blancos cobran formas poco a poco detrás de las cortinas, y las hacen temblar. Unas sombras silenciosas, de formas negras y fantásticas, se arrastran hasta los rincones de la habitación y se agazapan. Afuera se escucha el rebullir de los pájaros entre las hojas, o un ruido de hombres que se dirigen al trabajo, o el suspiro ululante del viento bajando de las colinas y dando vueltas a la casa silenciosa como si temiera despertar a los que duermen y necesitara, sin embargo, hacer salir al sueño de su cueva de negror púrpura. La gasa inconsútil y oscura se retira, un velo tras otro, y las formas y colores resurgen gradualmente en las cosas, y contemplamos el alba devolviéndole al mundo su antiguo aspecto. Los pálidos espejos recuperan su vida mimética. Las velas apagadas siguen donde las habíamos dejado, y a su lado descansa el libro entreabierto que estuvimos estudiando, o la flor prendida en su alambre que lucimos en el baile, o la carta que nos dio miedo leer o que leímos tantas, demasiadas veces. Nada parece haber cambiado. De las sombras irreales de la noche resurge la vida real, tal y como la conocimos. Hemos de reanudarla allí donde nos habíamos quedado, y entonces se apodera de nosotros la sensación horrible de tener que seguir girando en la noria extenuante de los hábitos esteriotipados, o el deseo salvaje de que nuestros párpados se abran una mañana a un mundo que ha sido remodelado en la oscuridad para placer nuestro, un mundo bautismal, rociado de frescura en las formas y los colores de las cosas, que serían otras, o esconderían otros secretos, un mundo sin apenas lugar para el pasado, que en caso de subsistir jamás adoptaría el carácter de la obligación o del pesar conscientes, porque incluso el recuerdo de la alegría desliza su amargura, como desliza su dolor la memoria del placer.
21/10/10
Indestructibles (3)
Notaba como aquella dichosa gota arrasaba todo lo que encontraba a su paso. Parecía que tenía prisa por llegar al final. Bailando, levantaba cada bello. Eso si que era piel de gallina, y lo demás nada. Colándose entre mi camiseta, bajando y bajando, hasta el pantalón. Sin pedir permiso. Enrojecía, parte a parte, sin dejarse un sólo rinconcito de mi cuerpo. Y por fin, llegó. ¡Menudo escalofrío!
Indestructibles (2)
Me hizo falta un leve giro de mirada de unos ochenta y siete grados, aproximadamente, para comprobar que todavía estabas ahí. No te cansabas. Ya podían pasar los segundos, los minutos, las horas y los días, que tú no te cansabas. Tus labios eran una fuente de energía imprescindible para no morir. Eran necesidad. Sé que de no haberlo hecho, me habría reventado la cabeza contra alguna pared en uno de mis suicidios mentales. Sé que me habría arrepentido toda la vida.
Indestructibles (1)
Indestructibles. No cabía duda, eran indestructibles. Ahí arriba, con el universo a sus pies. Dados de la mano, mientras la fuerte lluvia los empapaba. Tan sólo un movimiento hacía falta para que uno de los relámpagos atravesara el cielo de lado a lado, y les provocara otro gran escalofrío, sorprendentemente más agitador que el anterior. No respiraban. Eran un orgasmo en estado puro. Inimaginable a la par que envidiable. Eran vida.
Invisible rotulador permanente
Tu cara es la más bonita de todas.
Cuando el sol te da de esa manera, y tus ojos siguen intentando estar fijos en el mismo punto, pones un gesto que me hace enloquecer. Es como una especie de satisfacción y perversión.
Tienes que saber que eres preciosa.
Cuando el sol te da de esa manera, y tus ojos siguen intentando estar fijos en el mismo punto, pones un gesto que me hace enloquecer. Es como una especie de satisfacción y perversión.
Tienes que saber que eres preciosa.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)