8/9/08

Ralatos de calor (1)

No voy a mentir. No diré, por lo tanto, que esto ha empezado desde que Él apareció. Más bien fue atrás. Atrás, atrás, muy atrás. Bien lejos, más de lo que cualquier mente privilegiad o no, pueda imaginarse. Digamos que entonces, era pequeña (aunque nadie lo pensara).
Todo era perfecto, fantástico, genial, maravilloso… era todo lo que todos deseamos. Pero un día, un día sin más, terminó. Las cerillas, colocadas estratégicamente para no causar mal, se apagaron. Las melodías, capaces de amansar a la más cruel fiera, se convirtieron en silencio. Los corazones más cálidos, dejaron, por completo, de latir. Parecía el fin del mundo. El adiós eterno.
Todo se derrumbó, con la mala suerte, de que yo, estaba debajo. Buscaron sí, buscaron mucho. Encontraron multitud de cosas bajo los escombros. Excepto a mí. Cada vez me sentía peor. Respiraba menos. Notaba, perfectamente, cómo aquella viga, oxidaba cada vez más y más, mi pequeño cuerpo. Ahora era yo misma la que parecía viga. Mi color había oscurecido hasta convertirse en una escala de grises con acompañante principal, el negro. Por mucho que luché, no conseguí salir.
Puede que debiera esperar. Sí, seguro que alguien vendría a buscarme. Seguro…

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