Paso tanto tiempo, que ya ni pretendía salir de ahí. Las horas transcurrían tan lentamente, que podía contarlas. Qué mejor reloj que uno mismo, cuando no tiene nada, más que esperar. Cuando su vida se basa en estar sola.
Por la viga, ya no me preocupaba. Había llegado un momento en el que ya no distinguía dónde acababa mi cuerpo, ni dónde empezaba aquella barra de metal.
8/9/08
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario