Entras en el salón como si nada. Después de tanto tiempo, todavía te crees que eres invisible. -¿Vienes a pedir perdón? Y tú seguías como el que oye llover, al igual que siempre. -¿Pero no te das cuenta, cariño, de que lo hago por tu bien?... ¿¡que no es por gusto todo esto que te digo!? Y ya, hasta sonríes de reojo. En ese momento es en el que a mí me entra ese fácil cosquilleo en la entrepierna. Y vienes a abrazarme. Y me besas. Y me haces renacer.
-¿Pero a dónde vas? -A trabajar. -¿Qué dices?, ¡si no entras hasta dentro de diez minutos! -Ya, claro tontina, ¿y crees que tengo un helicóptero en el rellano, esperándome para despegar? -Sí, ¡por supuesto!, recuerda que yo le contraté… -Anda, no lo hagamos más difícil de lo que ya es… -Jo, ¡¡¡pero es que voy a añorarte!!! –Y yo, bobiña, pero no puedo llegar tarde. –Anda ve, que si no te agarro y no te suelto…
Y te fuiste, como de costumbre. Y yo volví a quedarme sola, otra vez. Y siguiendo con el plan establecido, cogí otro paquete de folios, mi boli rosa, y comencé a escribir tus defectos…
·Que siempre te vas.
·Que nunca me escuchas.
·Que eres un orgulloso.
·Que te da igual lo que me importe, o no.
·Que no hay día, que no vuelva a caer.
…
Y así seguí durante horas, hasta que llegaste.
-¿Y estas horas?, desde tu trabajo hasta aquí, que yo sepa, no hay cuarenta minutos… -Había atasco. -¿¡Atasco andando!?, claro, ¡es evidente! –Me he entretenido, joder, nada más… ¿La cena? -¿La cena?, ¡¿la cena?! ¡La cena la pintas! - ¿Pero a qué viene esto? ¡Ande que uno no puede vivir tranquilo en esa casa!... - ¡Pues vete!, ¡vete como cada día! ¡ahí tienes la puerta! -Pues mira, sí, ¡me largo! -¡Y esta vez no vuelvas! -¡No lo haré!, no hasta que no me quieras tal y como soy… -¿Tú?, ¿tú hablas de eso? ¿Y yo qué?, ¿cuándo te preocupas por mí?, ¿cuándo me preguntas que qué tal ha ido mi día?, ¿qué he hecho?... ¡¿Cuándo?! -¡Cuando tienes la cena hecha! Y cerró la puerta con un portazo horrorosamente forzado. Se echó a llorar, como cada noche a la misma hora. “¡Siempre te vas!”, repetía una y otra vez entre sollozos. Se metió en la cama, agotada, y se durmió.
La despertó con el ruido de la puerta, pero decidió hacerse la dormida, de la misma forma que la noche anterior, y la anterior, y…
Al día siguiente, agarró su ropa, colocada en el sillón naranja, y de puntillas, y aguantando la respiración, salió de la habitación que siempre la hacía sentirse desgraciada y sola. Minutos después, llegó él, con la misma carita de cada día. Con el mismo corazón. Y de nuevo me miró. Y de nuevo dejó caer su mano, sobre la mía. Y de nuevo me enamoró.
Y como cada día, no nos importaron los fallos del otro. Los grandísimos fallos del otro.
(Why_always).
29/9/08
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
5 comentarios:
Grandísimos...
Una noche, en teoría, partiendo de que la mujer, siempre quiere cambiar al hombre. Salió esto.
Parece que ya son más extensos..
Joder... me ha evocado DIRECTAMENTE a la última peli, ya sabes... La de las cartas (no quiero poner el nombre, aver si alguien lee y piensa mal). es brillante. Me gusta mucho cómo lo has escrito, se nota que has plasmado muchos sentimientos (y si no, te felicito, sabes tranmitirlos de maravilla). Quizás solo esas dos personas sepan en realidad que se quieren tanto como dices... Yo sé qué es eso, ya sabes por qué...
Te felicito sinceramente. Me has emocionado. Un abrazo
Maravilloso, como tú
Despues de leerlo por seunda vez, me sigo quedando con la parte final.. es perfecta.
Un beso
¡Muchisimas gracias! Enserio... :)
Seguiré escribiendo después de esto (sabes que si no, también lo haría... xD).
Una alegría me das de entenderlo...
Un besote.
Muchísimas gracias Mariló, sabes todo lo que implica. Te quiero.
Publicar un comentario