21/10/10

Indestructibles (2)

Me hizo falta un leve giro de mirada de unos ochenta y siete grados, aproximadamente, para comprobar que todavía estabas ahí. No te cansabas. Ya podían pasar los segundos, los minutos, las horas y los días, que tú no te cansabas. Tus labios eran una fuente de energía imprescindible para no morir. Eran necesidad. Sé que de no haberlo hecho, me habría reventado la cabeza contra alguna pared en uno de mis suicidios mentales. Sé que me habría arrepentido toda la vida.

No hay comentarios: