6/11/10
Una de ellas
Se llama Patricia. Cuando se ríe cambia la economía del país. Y el planeta entero se pone a temblar. Lleva toda su vida quieta en un lado de la habitación, convencida de que ni Dios la va a salvar de su agonía. Resignada. Con la cabeza agachada y los ojos ocultos por sus pequeñas manos, a modo de enfado, reza a no sabe qué ni quién para que dure poco. Desistió de pedir a Alguien, y ahora se limita a ralentizar la espera. Me fijé en ella por su mirada, nunca ninguna antes me había hecho viajar sin ni siquiera quedarse fija. Bastaba un simple vistazo, y me convertía en leche condensada. Del gesto mejor no hablo, porque pasamos de leves a palabras mayores. Y se eleva la temperatura. Y peta el termómetro. A veces me decía que envidiaba mi forma de vida, la de sin tapujos y a disfrutar. Pero yo moriría por levantarme en la misma cama en la que ella descansa cada noche. El simple hecho de rozarla. Tshhhh... ¿y su olor? Sueño con agarrar su almohada, y con ella todos los secretos que debe haberla confesado. Me pasaría las horas observándola.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario